La Llorona de Timaukel

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La leyenda describe una niña muy solícita que vivía con sus padres en Timaukel, sector rural al sur de Tierra del Fuego.


La joven era extremadamente feliz y su única preocupación era llegar a cumplir la mayoría de edad para irse a trabajar al pueblo. Como aún faltaba tiempo, María se dedicaba a labores hogareñas junto a su madre.

Un día pasó por estas tierras un errante “tumbero” (“pasajero”), el que, debido a su cansancio, pidió al padre de María permiso para pasar la noche en su galpón y sobrellevar así el frío del sur chileno.

El padre aceptó y vio devuelto el favor al otro día, cuando, al levantarse, notó que por iniciativa propia el tipo había cortado leña y realizado quehaceres del lugar. Contento, el hombre lo invitó a quedarse algunos días, gesto que resultaría fatal. Interesado en la belleza de la fueguina y utilizando toda clase de engaños, la enamoró, la embarazó y se marchó para nunca más volver.

La joven sufrió enormemente la partida de su amor y más todavía después de comunicarles a sus padres que su nieto venía en camino. Su padre reaccionó iracundo, repitiendo a viva voz que ella no era más su hija y que había de tener a su “huacho” en otra parte. Además, endureció las tareas diarias de la joven, lo que fue debilitando su salud y produjo el nacimiento prematuro del bebé, el que, pese a los cuidados de su joven madre, falleció a los pocos días.

María lloró sus penas durante largas noches hasta que enloqueció y se puso a vagar por la isla. Ahora lloraba todo el tiempo y le preguntaba a la gente si había visto a un viajero errante que le había robado a su hija y su amor. Con el tiempo, se olvidó su nombre y simplemente quedó como la “Llorona de Timaukel”, la misma que se aparece en las noches de luna llena.

Llorona de Timaukel

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