Artesanía: Cestería chilena

Artesanía: Cestería chilena

septiembre 2019 0 Por Huellas

El estudio de la cestería (como de cualquier otra artesanía) supone el conocimiento de los materiales empleados, de la técnica de elaboración y de las principales creaciones.

Son tres aspectos muy relacionados, pues las técnicas han de variar frente a cada material disponible, y éstos se prestarán más para unos objetos que para otros. Del mismo modo se relacionan los puntos anteriores con las zonas geográficas en que la artesanía se practica. Intentaremos dar una visión general de los factores anotados.

Materiales

Tanto histórica como geográficamente, los materiales usados por la cestería chilena han sido muy variados. Las fibras vegetales más empleadas son, comenzando por las autóctonas: el junquillo, la ñocha, el boqui y el chupón. Vienen luego vegetales incorporados después como el coirón, la paja de trigo, la paja de arroz y la paja de teatina. A estas fibras se agrega una corteza tradicional de variados usos: el mimbre.

El mimbre da origen a una verdadera “mueblería” artesanal, vistosa y delicada, que por su duración y resistencia podría permitir amueblar una casa completa. Prácticamente no hay mueble imaginable en un hogar que no se pueda hacer de mimbre, como puede verse en zonas que se han especializado en ellos, como es la región de San Fernando y poblados como Convento Viejo, entre otros.

Las fibras, por su parte, se adaptan a objetos más finos y personales, como cestos, chupallas o piezas decorativas menores. También objetos de uso práctico como paneras, costureros, etc. Muchos de estos objetos exigen la mezcla de distintas fibras, a fin de lograr más firmeza. Así ocurre, por ejemplo, con las paneras, en que el coirón suele envolverse en chupón.

Técnicas

En la técnica de tejido es donde la cestería muestra de manera tal vez más visible las variaciones propias de las zonas geográficas y también de los antecedentes históricos. Se sabe que toda nuestra artesanía (como toda nuestra cultura) muestra influencia autóctona y extranjera, especialmente europea. Es fácil descubrir algún rasgo africano por ejemplo, en la cestería de General Cruz (Ñuble).

En la Araucanía, en cambio, predominan las técnicas milenarias que aseguren la firmeza requerida por objetos destinados a la agricultura y la pesca. El “acordonado”, llamado también “acordelado”, es una de esas técnicas. Consiste en un cordón tejido de fibras largas que hace las veces de núcleo o corazón, al cual se le enrolla otra fibra. Con este acordonado se fabrica, por ejemplo, el famoso “llepo” o “llepu” o “balai” que han usado por generaciones para limpiar cereales y que hoy los turistas aprecian como elemento decorativo.

Lugares

Si observamos ahora la aplicación de la técnica a determinados materiales, entenderemos mejor algunos productos típicos regionales. Un lugar de tradición cestera es Hualqui, en la región del Biobío.

Los materiales usados son, principalmente, coirón y chupón. Con estas fibras tejen un largo cordón, firme y apretado, dando forma a distintas obras. Además de sus paneras, centros de mesas y otros, esta técnica permite construir (siempre enrollando el larguísimo cordón) objetos mayores y con volumen, como el costurero redondo de tres pisos, verdadero símbolo de la cestería hualquina.

En Ninhue y Hualte (Ñuble), en cambio, tejen “cuelchas”, cintas de paja trenzada, anchas o angostas y a veces muy finas, de acuerdo siempre con el producto que se desee realizar: bolso, cartera, sombrero o chupalla. Podría decirse que en esta técnica hay una división del trabajo, pues las “cuelcheras” realizan una etapa que será fundamental en la calidad de la obra terminada.

Un caso singular de la cestería chilena se encuentra en Rari, cerca de las termas de Panimávida (región del Maule). Allí hay familias especializadas de generación en generación, en la confección de finísimos tejidos en crin de caballo, si bien, con tantos otros materiales, se ven hoy reemplazados por fibras sintéticas importadas.